Después de mucho tiempo lo volví a hacer, decidí entrar a la zona prohibida, al lugar de las alegrías más grandes y de la más grande nostalgia que he tenido desde que recuerdo.
Después de todo, que podría esperar cuando el amor más puro fue vivido a unos metros del actual lugar donde vivo, una vez más el tiempo y los recuerdos me ganaron y baje las escaleras con llave en mano, una llave que abriría no sólo una puerta, sino un sinfín de recuerdos y momentos especiales.
Pero, ¿por que decidí volver a bajar? ¿Por qué necesitaba volver al lugar donde todo lo mejor paso? Una respuesta un tanto tonta, pero así fue...cuando regrese de comer con mi Papa, su novia y mi hermana, llegue a mi casa y vi los últimos objetos que me dio, o los últimos recuerdos de ella...dos imanes y una postal, las cuales están pegados en mi refrigerador torpemente de mi parte. De alguna manera es un forma de tener presente que eso paso, que ella estuvo en ese lugar y que fue ahí o lo que hubiera o haya pasado justamente ahí, lo que hizo que ella decidiera tomar otro rumbo.
Eso fue lo que me obligo mentalmente a recurrir al pasado, y así logre ir a revivir todo lo demás. Entonces baje las escaleras, y desde antes de entrar me di cuenta que hasta las plantas que teníamos habían sentido la misma tristeza que yo, a pesar de ha sido una época muy basta de lluvias.
Cebollin había casi desaparecido y nuestros chiles y demás plantas ya no tenían frutos, a lo cual encontré una cierta similitud con mi estado de ánimo desde que terminamos.
Abrí la puerta y me sentí como un soldado sobreviviente al retomar conciencia y ver un lugar que conocía lleno de vida y calidez, convertido en un lugar en ruinas, abandonado y destruido después de la guerra.
Todo estaba tan diferente, tan frío y sin vida. Como si ningún tipo de toque humano hubiera llegado a ese lugar antes y sólo fuera un almacén o un depósito abandonado.
A pesar de todo seguí caminando, y mientras caminaba iba recordando cada momento, cada risa y cada beso lleno de amor, recordé cuando los fines de semana limpiábamos el departamento como una pareja casada, mientras yo barría y trapeaba, ella se encargaba de sacudir y limpiar el refrigerador o los platos, creo que de verdad éramos un gran equipo, y aunque eran actividades un tanto pesadas disfrutábamos estar juntos y hacíamos tonterías, corría hacia ella y la besaba mientras la música sonaba en el fondo, o cuando estábamos muy simples decidíamos bailar torpemente.
Recordé también, las películas que veíamos en la computadora acostados y abrazados en el sofá, y que en varias ocasiones terminaron en un momento más lleno de amor.
Preferí seguir caminando antes de que mis sentimientos comenzarían a fluir en forma de lágrimas por toda la nostalgia que tenía. Pero fue al llegar a nuestra habitación cuando todo se perdió...
Aquel lugar donde dormíamos juntos cada noche y teníamos los momentos más íntimos y llenos de amor, no era más que un lugar abandonado y convertido en un triste almacén. El amor no solamente se demuestra en la cama, pero la unión de dos almas y las horas de sueño y descanso juntos siempre vivirán en mi, su respiración en mi pecho y su cuerpo cálido al abrazarnos antes de dormir, son los momentos que más añoro en mi vida y que sin dudas, nadie podrá igualarlos.
Decidí que ya era suficiente viajar al pasado, un pasado que de manera casi imposible podría volver a repetirse, por lo que salí de nuestra habitación para salir del departamento cuando por alguna razón decidí revisar los cajones en la parte de la cocina, tal pareciera que me llamaban, que me decían que me acercara y los abriera. Ya si fue, y vaya sorpresa al abrirlos, gran parte de lo que ella había querido comprar de golosinas seguía ahí, una bolsa grande de cacahuates japoneses y galletas estaban en el segundo cajón, mientras que en el último encontré algo que me sorprendió un poco más.
Su mercancía "ilegal" estaba al fondo del cajón, las semillas de amapola con las que había preparado unos ricos pastelillos estaba intacta, mientras que otra bolsa igual estaba abierta y tenía ya bastante humedad por lo que tuve que tirarla, también encontré un mandil, papel aluminio y plástico y lo más importante para mi, una camisa de tirantes que ella utilizaba para cocinar y que aún mantenía su olor tan familiar y no el del humo o el aceite como yo lo hubiera creído, entonces, la tome y muchos recuerdos regresaron a mi otra vez, en especial sus riquísimos platillos, su sopa de queso que no volveré a probar y su filete a la mexicana, que sin ser mexicana, le quedaba delicioso.
Sin dudarlo, los mejores momentos de mi vida han sido esos seis meses con ella, y desearía tanto repetirlos ,aunque se que no podrá ser así, por que aunque ella esta equivocada al pensar que fui yo quien la traiciono por haberme decidido quedar aquí ,ella jamás querrá reconocerlo y aceptarlo, por que todo término mal, y aunque yo volví a prender nuestras velas,el tiempo las apagara como ella decidió hacerlo.








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