domingo, 16 de junio de 2013

Día veinte

Hay una diferencia entre horrible y terrible. Horrible es saber que te han dejado de lado, pero terrible,es sentirte una basura (equivocadamente) y pensar que nunca diste los suficiente cuando fue todo lo contrario.

Pues bien, justo eso paso este día. Temprano en la mañana volví a recibir un mensaje de ella, en esta ocasión pidiéndome el gran "favor" de informarle sobre los vestidos que había dejado en una bolsa porque ya no cabían en su maleta de regreso a su país.Esto con el fin de ayudarla a saber que debía hacer con ellos, si los regalaba aquí o si ella necesitaba alguno y debía enviárselo, pues bien, accedí y saque de una bolsa de plástico que estaba en mi closet seis vestidos y una blusa de invierno, pero fue esto lo que desato el último y más fuerte golpe después de haber cortado.

Cuando estaba sacando los vestidos, no pude evitar acercarlos a mi rostro y oler ese aroma que tanto me gustaba en ella, esa frescura y felicidad que tanto me había llenado y que con sólo percibirla podía ser el hombre más feliz del planeta. Olían tanto a ella, y con cada vestido que sacaba, también salían los recuerdos y las imágenes de las múltiples ocasiones en las que cada uno de ellos había sido usado por ella, en las que su cuerpo había estado cubierto con ellos, y fue esto lo que me devasto y me dio la estocada final.

De un momento a otro reviví todo otra vez, mi cabeza se llenó de recuerdos, de imágenes, de sentimientos y de miles de palabras y promesas que tenía que olvidar para poder seguir con mi vida, por que afortunada o desafortunadamente, nosotros como humanos no olvidamos fácilmente, y mucho menos aquello que tan felices nos hacia. El sentir fue aún más fuerte que el día en el que la bese por última vez, el día en el que la lleve al aeropuerto e intercambiamos promesas, palabras y besos llenos de amor, en el que compartimos la esperanza y la fe, pero sobre todo, en el que los dos estábamos seguros de que lo que queríamos, de estar juntos siempre.

No pude evitar el llanto, ni mucho menos volver a vivir a carne viva los sentimientos llenos de impotencia, los sentimientos que ahora solamente yo sentía y que ella ni siquiera podía comprender. Estaba sólo, era yo y mi sentir, yo y mis recuerdos, yo y los fantasmas de un amor que nunca fue verdadero. Me ahogue en ellos por completo, inundaron mi hogar, y cuando ya no pude más, me desvanecí en el suelo, y espere hasta que todo se tranquilizara, a que mi corazón regresara a su ritmo normal y al que las lágrimas dejarán de correr como un río.

Puede escucharse tonto pero de alguna forma había tantos pedazos de ella todavía aquí, en todos lados,en el "nidito",en las fotos, en sus notas, en sus vestidos....y todos esos pedazos debían ser alejados, destruidos o escondidos hasta que mi corazón fuera lo suficientemente fuerte para soportarlo o hasta que mi razón no me hiciera dudar más.

Todo esto me llevo a tener que tomar acciones extremas, por que para situaciones extremas, se requieren medidas extremas. Ella había decidido irse de mi vida, había decidido terminar una relación de dos años en dos semanas, por que en lo poco que la conocí, nunca tuvo un espíritu de lucha, por lo general, dejaba de lado lo difícil, lo que la hacia "sufrir" y más bien tomaba lo fácil, lo que parecía ser lo mejor en ese momento. Si lo que quería era eso, irse y darme su indiferencia, pues bien, le daría justo lo que ella había decidido, debía sacarla de mi vida, pero sobre todo, de mi corazón y la única manera en la que yo podía hacer eso, era suprimiendo todos eso pedazos de ella que se habían quedado, o que seguían haciéndome daño, y esto implicaba en definitiva cortar cualquier tipo de contacto, recuerdo o imagen suya.

Pero eso, eso es algo que ella nunca va a entender, por que nunca lo ha vivido y probablemente, esa coraza tan pesada que tiene, y esa inseguridad en si misma,nunca se lo permitirá.


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